domingo, 8 de abril de 2012

Una caminata cualquiera


Yo no debería estar escribiendo aquí sino en un word que se titula "Trabajo de Investigación".
Pero como me gusta contarles cosas que para mi son interesantes y quizás para los que me leen también, o quizás quiero simplemente un lugar donde publicar, pues vengo a este blog.

Esto es lo que vengo a contarles:

El miércoles 4 de abril, cerca de las 20.00 hrs, me bajé de la micro y me puse en marcha para llegar a casa: me esperaban de 15 a 20 minutos caminando. Y en eso estaba, escuchando música como siempre hasta que en mi lento caminar se cruzó una chica que iba paseando a su perro. Me hice a un lado porque los perros me dan miedo y siempre tienden a acercarse cuando paso a su lado... siempre me he preguntado si huelen el estado de ánimo y se acercan por lo mismo o es porque quizás huelo mal y me quieren comer.
En fin, iba caminando y se cruzó esta chica. No me preocupé mucho hasta que escuché que sus pasos volvían y pasaba nuevamente a mi lado. Venía hablando por celular, tenia cara de angustiada y el ceño muy, muuuy fruncido. Luego comenzó a caminar más lento y sólo dejaba que su perro la llevase...
Al son de alguna canción levemente melancólica, vi como aquella chica se ponia a gesticular y cómo las lágrimas comenzaban a caer de sus ojos y a rodar lentamente por su cara. Ella seguía caminando y yo iba tras ella, angustiada e indecisa. Lo último porque no sabía si sacarme los audífonos y acercarme a ella y preguntarle si podía ayudarle en algo o simplemente darle un dulce de chocolate con menta, que aún está en mi mochila.

No pude acercarme, al parecer discutía con su pareja y me dió tristeza por ella y por estar presenciando tan lamentable escena. Me dió a pensar muchas cosas aquella chica.

¿Cómo termina el relato?
Me limité a seguir caminando y a mirar cómo se encontraba aquella joven. Estaba por llegar a la puerta del condominio cuando me volví hacia donde se encontraba dando vueltas con el perro, aún con el móbil pegado a la oreja. Seguía llorando ... y luego dejé de mirar.

Fue ahi cuando, mientras seguía caminando pensé en que aquella era muy valiente por llorar en público, a la vista del que pasase a su lado. Esta vez estaba sólo yo presenciando su desdicha. Ella fue valiente, se atrevió a llorar. Y digo valiente porque llorar es una acción muy criticada, dicen por ahí que aquel que llora es porque es débil y no sabe levantarse.

Somos todos unas piedras cobardes que no se atreven a mostrar lo más puro : las lágrimas.