viernes, 13 de mayo de 2011

La Luna


El aroma que había en el lugar era dulce, aún no podía identificar qué era, pero no me agradaba mas tampoco desagradaba.
Caminé hacia las escaleras, y comenzé a subir aquellos 50 peldaños que me llevarían hacia La Luna.
Decidí pararme a descansar en el rellano de la puerta antes de entrar, estaba nerviosa, no sabia muy bien cómo debia actuar, cual era el comportamiento adecuado, qué debía y no debía hacer.
Cerré los párpados. Inspiré y luego dejé caer lentamente el aire que llenaba mi pecho. Abri los párpados y di un paso hacia La Luna.

Sin darme cuenta, en un dos por tres, el suelo fue cielo y el cielo fue suelo. Estaba en un mundo de cabeza y todo era normal, según los cánones de este nuevo lugar.
Me di cuenta de que todo estaba bastante oscuro, pero que entre más tiempo me quedaba más iba aclarando e iba descubriendo más objetos y personas a mi alcance.

Uno de los objetos que tomé fue un vaso que estaba lleno de un líquido extraño. Era bastante sabroso, no dejé de beberlo durante mi estadía en La Luna.
El otro objeto, fue una pañoleta que era negra como el cielo que había dejado en el mundo del que habia llegado.
Con estos objetos en mis manos, decidí pasearme por el lugar. Era bastante espacioso, creo que tenía forma de dodecaédro, pero prefiero decir que eran como dos flores dibujadas en el suelo.

A medida que iba caminando iba relacionándome con más gente y cuando ya nos conociamos lo suficiente, nos despediamos, para seguir paseándonos.
Y caminando me encontraba cuando le vi. Era un hombre joven, a simple vista muy guapo y con aire de sabio sin llegar a ser arrogante. Él estaba sentado en un sillón que tenía forma de guitarra y miraba atentamente su vaso, del cual contenido ni idea yo tenia, pero le miraba tan fijo que nada de lo que sucedia a su alrededor le perturbaba.
Estuve bastante rato observándolo y mientras más le veia, más me gustaba. Tuve un impulso y por primera vez decidí seguirlo sin pararme a pensar.

Avancé sigilosamente para llegar a la parte trasera del sillón y ubicarme a sus espaldas. Sabia que de haber caminado naturalmente no se habria inmutado pero aún así, el sigilo le daba un toque adrenalínico a mi acto, como alguien que hace algo por vez primera, como alguien que sabe que no es correcto o más bien que no es debido.

Su cabeza estaba a mi merced y decidí utilizar el segundo objeto que habia cogido.
Saqué la pañoleta, que habia guardado cuidadosamente en mi bolsillo derecho, dejé mi vaso en una mesita cercana y vendé los ojos de este observador.

La magia de su quietud se desvaneció y su cuerpo se tornó rígido. Di la vuelta al sillón y con un dedo acaricié sus labios y luego su cabello con toda mi mano. Una vez tranquilo, tomé sus manos y lo ayudé a levantarse.
Lo llevé hacia un balcón, donde pude ver que estabamos parados sobre las estrellas y arriba de nuestras cabezas habían flores de múltiples colores.

Sin decir una palabra, besé sus labios lentamente. Él estaba quieto, quizás analizaba la situación, pero luego, sin importarle la venda que cubría sus ojos ni que no conocía a su captora, comenzó a responderme.
Cuando nos separamos para respirar, él tuvo la intención de quitarse la pañoleta, pero amablemente tomé su mano y la regresé a su costado. Me puse a sus espaldas nuevamente y ajusté el nudo de la pañoleta.

No podia quitarle dos veces la magia.

Nuevamente Inspiré y dejé caer el aire lentamente, pero esta vez no estaba mirando lo oscuro, sino que miraba a aquél extraño al que de una forma u otra amaba sin razón que me respaldase.
Cogí su mano y le guié hasta el sillón de guitarra, ayudé a que se acomodara y cuando estuvo en la posición en que le encontré, volví a rozar sus labios con los míos, para terminar dándole un beso en la frente y así separarme de él.

Vi mi vaso en la mesita en que lo había dejado. Y volví a mirar al jóven hombre que yacía sentado en el sillón, esperando.
Giré sobre mis talones y seguí por el camino que me habia llevado a encontrarme con él.
Cuando llegué a la puerta de La Luna, ésa que me llevaría nuevamente al mundo real, donde vería a este ser pero seríamos completos extraños, ésa puerta, que me llevaría al mundo original y común...

Decidí caminar hasta la ventana


Y lanzarme hacia las estrellas.

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